Heidegger, el Covid-19 y el lugar de trabajo

Miradas
09 Junio

El filósofo alemán Martin Heidegger nos dice en su obra Ser y tiempo que lo que nos constituye como individuos es la conciencia del ser-para-la-muerte. El reconocimiento de nuestra finitud y la vivencia de la angustia asociada a ella, es lo que permite que nos apropiemos de quienes somos y que conozcamos nuestra potencialidad.  Sería necesario enfrentarnos a nuestros límites y carencias para entender de qué somos capaces.

Nadie podría negar que el Covid-19 nos ha hecho más conscientes de nuestra finitud y que, en mayor o menor medida (dependiendo de quién se trate), hemos pasado por momentos de angustia y fragilidad. Un fenómeno de esta magnitud, profundidad y transversalidad, debe traducirse para todos en un mejor conocimiento de quiénes somos y hasta dónde podemos llegar.

El trabajo que desempeñamos es mucho más que un medio para alimentarnos y educar a nuestros hijos. Es constitutivo de nuestra identidad y en él vemos nuestra potencia gradualmente transformarse en acto. ¿Podrían la pandemia y sus consecuencias en la sociedad, pasar a ser una oportunidad para conocernos mejor y desarrollar todo aquello de lo que somos capaces?  Sería una omisión grave que, luego de todo lo experimentado en este tiempo, pretendamos volver a ser los mismos y retomar nuestras actividades como si nada hubiera pasado.

Durante la pandemia hemos conocido una dimensión distinta de aquellos con quienes trabajamos. Hemos acompañado a algunos, aunque sea a la distancia, en la pérdida de seres queridos e incluso hemos sabido de su propio paso por la angustia e incertidumbre asociada a la enfermedad. Comenzamos nuestras reuniones preguntando a quien tenemos al otro lado de la pantalla por su salud y la de su familia, nos despedimos pidiéndole que siga cuidándose.  Hemos conocido habitaciones de sus casas, hemos visto en más de una oportunidad a alguno de sus niños pidiendo ayuda y hemos aprendido si le gustan los perros o los gatos. Sabemos si su cónyuge fue despedido del trabajo o si el colegio de sus hijos ha ofrecido las herramientas necesarias para una buena enseñanza a distancia. Nos enteramos que a su vivienda no llega un buen proveedor de internet y las dificultades que eso ha representado, o que ha debido adaptar la distribución de su casa para tener un lugar cómodo para trabajar.

En suma, la crisis sanitaria nos ha permitido ver a nuestros compañeros de trabajo más como personas integrales y menos como lo que dicta una descripción de cargo. La percepción del otro desde su dimensión humana nos ha hecho comprender que todos tenemos dolores y carencias, que estamos asustados o que la conciencia de nuestra condición de personas nos acerca, nos hace cómplices en el diario deseo de ser mejores y de superar nuestras dificultades.

La cultura del lugar donde trabajamos está definida por un conjunto de prácticas y valores que permiten compatibilizar las metas del negocio con las características y las habilidades de las personas que lo desarrollan. Un mejor conocimiento de los individuos y el mayor vínculo que construimos gracias a él, puede reconfigurar la cultura corporativa de una organización. Por ello, en lugar de intentar recrear la cultura que se tenía antes, las empresas deben aprovechar la oportunidad de convocar de manera más efectiva las voluntades de todos los actores.  Una cultura basada en una mayor horizontalidad y en las alianzas que se han erigido durante estos meses, profundizará el sentido de pertenencia y hará más eficaces en la consecución de las metas.

Diego Bacigalupo
Gerente de Desarrollo de Quiñenco S.A.

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