Educación y progreso

Miradas
22 Agosto

En un posteo anterior me referí al crecimiento de largo plazo y a la importancia de que éste recuperase protagonismo en la agenda en Chile. Muchos intuimos que la educación escolar es un asunto de la mayor importancia pero, ¿qué efecto real y medible tiene la educación en el avance hacia una mayor prosperidad? En su libro “The Knowledge Capital of Nations: Education and the Economics of Growth”, Eric Hanushek, economista graduado de MIT y Senior Fellow del Hoover Institution, plantea que el crecimiento sostenido y de largo plazo del producto interno bruto (PIB) de un país depende, en gran medida, del desarrollo de ciertas habilidades en sus habitantes. A partir de datos tomados entre los años 1960 y 2000 en varias geografías, se puede concluir que tres cuartas partes de la variación en el alza del PIB per cápita se explican por el desarrollo de habilidades matemáticas y científicas.

Es importante hacer la distinción entre cobertura y calidad o desarrollo efectivo de habilidades. Tradicionalmente el capital humano y el avance de un país en educación, se medía a partir del número promedio de años de escolaridad, por tratarse de una métrica objetiva y simple. Al comparar tasas de crecimiento y años de escolaridad a lo largo de 40 años en 92 países, se obtiene una correlación positiva y estadísticamente significativa: cada año de mayor escolaridad está asociado a 0,6 puntos porcentuales de mayor crecimiento (ver Gráfico 1).

Gráfico 1. Fuente: E. Hanushek y L. Woessmann (2021), Education and Economic Growth, Oxford University Press.

Según Hanushek, sin embargo, esa no es la mejor manera de medir el desempeño en educación. Calcular la acumulación de capital humano en base a cobertura supone que un año más de escolaridad se traduce en el mismo aumento de conocimiento y habilidades en los individuos, sin importar el sistema educativo o el país del que se trate. Además, deja de lado la influencia de factores como la familia y la salud, simplificando excesivamente el análisis. El uso de métricas de cobertura para explicar el crecimiento del PIB per cápita, despierta también dudas acerca de la dirección causal. Un país que ve su producto crecer, gasta más en todo, incluso en años extra de escolaridad para sus habitantes. Siendo así, la relación causal podría ir en la dirección contraria.

Hanushek y su coautor más frecuente (el alemán Ludger Woessmann) proponen separar el efecto de la cobertura en el análisis y mirar cómo correlacionan las habilidades cognitivas con el crecimiento de largo plazo de las economías; dichas habilidades, aseguran, pueden ser medidas a través de tests estandarizados. Su conclusión es que el modelo simplificado (cobertura versus crecimiento) explica solo un cuarto de la varianza en la tasa de crecimiento entre diferentes países, mientras que el conocimiento (habilidades) logra explicar tres cuartos de dicha varianza. En el gráfico que se ve a continuación, por ejemplo, es fácil ver que los resultados de tests internacionales explican de manera notoriamente robusta el crecimiento de largo plazo: un aumento de una desviación estándar en los puntajes se traduce en 2 puntos porcentuales de mayor crecimiento del PIB per cápita.

Gráfico 2. Fuente: E. Hanushek y L. Woessmann (2021), Education and Economic Growth, Oxford University Press.

No hay que perder de vista que la maximización de la cobertura es deseable y relevante, y que el avance de Chile durante los últimos 50 años en esta dimensión es motivo de orgullo: el analfabetismo se redujo de 11,7% a 3,6% y la cobertura en educación media aumentó de 42,9% a 93,0%. Sin embargo, siguiendo las conclusiones de Hanushek y Woessmann, dada la escolaridad que ya hemos alcanzado, seguir invirtiendo en cobertura sin asegurar mejoras significativas en las habilidades cognitivas, no necesariamente ayudará a Chile a dar un salto hacia el desarrollo.

¿Cómo avanzar en la maximización del conocimiento de los niños chilenos y, consecuentemente, aumentar nuestra capacidad de crecer? Hanushek y Woessmann advierten que las políticas tradicionalmente más caras (aquellas orientadas a la inyección directa de recursos a la labor educativa) han probado a nivel mundial ser las menos efectivas. La evidencia muestra que los mejores resultados se obtienen con mecanismos de incentivo tanto para los colegios como para los docentes, directamente relacionados al desempeño de los alumnos. Ello implica medir de manera correcta, entregar retroalimentación y hacer los ajustes correspondientes. Este tipo de políticas involucran un gasto transitorio orientado al entrenamiento de profesores y coordinadores, además de la mejora salarial necesaria para atraer y retener al mejor talento. Pero se trata de montos muy inferiores a los que ya se han invertido en cobertura, con una rentabilidad esperada sustantivamente mayor.

Chile ha mejorado la calidad de vida de sus habitantes de forma material durante las últimas décadas. Entendiendo que las necesidades siguen siendo muchas, debemos elegir muy bien dónde invertir los limitados recursos del país. La calidad de la educación  parece ser la mejor opción, pues como alguna vez dijo Benjamín Franklin en su libro “El camino a la riqueza”, “invertir en conocimiento paga siempre el mejor interés”.

Diego Bacigalupo

Gerente de Desarrollo de Quiñenco

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