Andrea Tokman, economista jefe de Quiñenco: “No hay más remedio que ponernos de acuerdo en el pacto fiscal, que es mucho más que una reforma tributaria”

Miradas
27 Noviembre

Diario Financiero publicó la siguiente entrevista a la economista jefe de Quiñenco, Andrea Tokman:


Andrea Tokman parece preocupada. El diagnóstico de la economista jefe de Quiñenco pone el foco en riesgos y desafíos que enfrenta el país. Y si bien reconoce como positivo que el Producto Interno Bruto (PIB) creciera por sobre lo esperado en el tercer trimestre frente al mismo período de 2022 -lo hizo en 0,6% y tras un año de caídas-, aún ve un ritmo de expansión “muy débil” e, incluso, considera “muy difícil que despegue si no resolvemos los problemas estructurales”.

Categórica, la también integrante de la comisión que convocó el Ministerio de Hacienda para calcular el efecto del crecimiento económico sobre la recaudación fiscal -y cuyo informe entregaron el viernes-, sostiene: “No se ve un fuerte rebote en el horizonte y eso es muy caro para el país. El PIB per cápita lleva años prácticamente estancado y el Producto tendencial es un punto menor que hace una década”.

Ello, señala por escrito a DF, aunque “pareciera que ya logramos recomponer los desequilibrios macro de los excesos pandémicos”.

– ¿En qué pie queda la economía para el cierre de año?

Es curioso, porque probablemente algunos dirán que fue un “buen año”, simplemente porque fue mejor de lo esperado. Pero en el agregado Chile terminará el año sin crecimiento, con una caída en la inversión y sin proyecciones de un cambio importante hacia adelante.

Esto es preocupante, porque el crecimiento no es solo una cifra, un porcentaje. El crecimiento es condición necesaria para generar oportunidades de mejoras de calidad de vida sostenible para las personas.

– Pero el 0,6% fue mayor a lo esperado gracias a la minería y electricidad, gas y agua.

Sin duda fue mejor de lo anticipado, pero que estos sectores empujen esta mejora no me deja tranquila, suelen ser los más volátiles. La minería siempre lo ha sido y ahora energía, gas y agua registra efectos transitorios de lluvias inusuales para esta época.

En ese contexto, lo que más nos debe preocupar es la caída de la inversión, ya que sin ésta es imposible soñar con una mejora sostenible en nuestra economía que permita a Chile avanzar hacia el mayor progreso social.

– ¿En qué expansión del PIB está pensando para el próximo año?

El próximo año será mejor que el actual para Chile en términos de actividad e inflación, pero todavía será muy lento. Mi admiración por el Banco Central me impide pensar que estaremos muy lejos del rango que estima de en torno a 1,75%, pero hay muchos riesgos.

– ¿Y la dosis del Banco Central de rebaja de tasas ha sido adecuada o falta un mayor recorte?

(…) Luego de aumentos sustantivos, la tendencia de la inflación por fin parece encaminada al 3%. Estamos por arriba hoy, pero ya hay signos claros de que vamos por buen camino, en parte gracias a que, a diferencia del estándar internacional, comenzamos a bajar la tasa tempranamente y todo apunta a que podríamos seguir en esa línea, incluso un poco más rápido de lo que hemos venido haciéndolo, gracias a expectativas bien ancladas y el inicio inminente de las rebajas de tasas en el resto del mundo.

Es perentorio volver a crecer

– A estas alturas no se ve muy factible que Gobierno y oposición logren acuerdos en las reformas de pensiones y tributarias. ¿Qué riesgos ve en que esto quede truncado?

¡Tenemos que hacer que sea factible! Sería una irresponsabilidad no encontrar la forma de ponernos de acuerdo en las condiciones mínimas para que las personas puedan tener buenas pensiones y atenciones de salud adecuadas, por ejemplo. Nunca he sido partidaria de rediseñar todo desde cero, sin aprovechar lo aprendido e instalado. Tenemos sistemas de salud y previsional mixtos que requieren perfeccionamiento, qué duda cabe, pero estatizar no se hace cargo de los problemas. Más aun, sistemas como los propuestos requieren importante financiamiento fiscal y las holguras actuales y proyectadas no alcanzan.

Por lo mismo, no hay más remedio que ponernos de acuerdo en el pacto fiscal, recordando que es mucho más que una reforma tributaria. Incorpora eficiencia del gasto, mejor cumplimiento tributario, más crecimiento económico y, sin duda, repensar si nuestro sistema impositivo está bien calibrados o generando más costos que beneficios.

– Usted tuvo un rol como integrante de la comisión Marfán, que calculó el aporte del crecimiento del PIB a las arcas fiscales. ¿Qué tan urgente ve la necesidad de adoptar medidas procrecimiento?

El trabajo de la comisión nos permitió traer a la mesa más evidencia de algo que suena obvio, pero que muchas veces ha sido difícil de cuantificar: un país que crece, junto con muchos beneficios, allega más recursos al fisco. La falta de crecimiento le ha costado mucho al país, pues es su principal fuente de financiamiento.

Las holguras fiscales negativas en los próximos años, junto con déficits más grandes y deuda creciente, ponen en peligro la capacidad de proveer bienes y servicios públicos necesarios para el progreso social. Hemos intentado conseguir esos recursos adicionales con cuatro reformas tributarias en la última década, subiendo la tasa de impuestos de las empresas por sobre el promedio OECD e intentando reducir una supuesta alta tasa de evasión -que sinceramente no sabemos si es tal ni donde se concentra-. A pesar de lo anterior, la tasa de recaudación no crece.

Es más, como el crecimiento tendencial sigue bajando, los ingresos por esa vía tampoco contribuyen. En el trabajo de la comisión llegamos al pleno convencimiento que sin crecimiento no hay progreso social sostenible. Es perentorio volver a crecer. – ¿Y cómo lo logramos? – Trabajamos en identificar los efectos de algunas de las medidas procrecimiento que ha propuesto el Ejecutivo, las que tienen el mayor potencial de generación de ingresos fiscales. Entre ellas, están las propuestas de hacer más expedito el sistema de aprobaciones de proyectos de inversión, los incentivos al desarrollo de potentes industrias de litio e hidrógeno, la recuperación de la producción de cobre, la reducción de tasas de impuestos a las empresas. De concretarse las metas en estas cinco áreas, podríamos tener medio punto porcentual más de crecimiento.

– Ustedes concluyeron que cada punto de mayor crecimiento del PIB aporta US$ 570 millones a la recaudación tributaria, menos de lo que dicen otros analistas.

El cálculo que tenemos es que las holguras crecen en torno a ese número. Aumentarían al triple las holguras a 2034, es muy potente. Es perfectamente compatible con los US$ 800 millones que mencionan esos analistas. Ese monto es el ingreso tributario bruto adicional y el nuestro es holgura, es ingreso neto. Si bien el crecimiento aumenta los ingresos tributarios brutos en más de US$ 800 millones anuales, el aumento de gastos en remuneraciones y subvenciones asociados a ese mayor crecimiento compensa parte del efecto para llegar a las holguras o ingresos netos adicionales que encontramos.

– ¿Cuál es entonces la medida que hay que mirar?

Ambas son correctas y consistentes. Pero para gastar en base a lo disponible, lo que importa es la holgura de 0,16% adicionales del PIB por año. Las estimaciones tradicionales de Dipres no incluyen estos ajustes en gastos y, por lo mismo, en general, quedan gastando más de lo que realmente tenemos.

– En suma, ¿habría más espacio para gastar por las medidas procrecimiento?

Sin duda que así sería. Como decía antes, si lográramos avanzar decididamente en las cinco medidas podríamos aumentar el crecimiento del PIB en la próxima década en un poco menos de medio punto porcentual. Es la mitad del ejercicio anterior más 0,08% de holguras adicionales por año, o casi el doble de las que acumularíamos en el caso base a 2034.

Pero nada de esto está asegurado, por lo que hay que ser cuidadoso con comprometer gastos permanentes sin certezas de los ingresos.

– También ven con buenos ojos la baja del impuesto a las empresas.

Los instrumentos elegidos para lograr los objetivos importan. Y ahí hay mucho todavía que discutir en distintos foros técnicos y políticos y no era parte de nuestro mandato, pero es importante recordar que no bastan las buenas intenciones si el diseño no es el apropiado. Por ejemplo, me preocupa que la estrategia nacional del litio sea lo suficientemente atractiva, flexible y rápida para no seguir perdiendo participación en este mercado mundial que crece y nos ofrece una oportunidad que no será para siempre; o que las propuestas para combatir la informalidad o aumentar la participación femenina, generen efectos indeseados.

En cuanto a los impuestos a las empresas, la evidencia muestra que Chile ha quedado entre los países de más altas tasas y recaudación de impuestos de primera categoría. La mayoría de los países han ido bajándola, por lo que estamos rápidamente perdiendo competitividad. La conclusión es obvia, más si logramos convencer que el crecimiento de inversión que traería podría compensar en el mediano plazo las pérdidas de recaudación de corto plazo.

– ¿El crecimiento puede ahorrarle al país la necesidad de una reforma tributaria?

Es la suma del crecimiento, la eficiencia en el gasto, la agenda de cumplimiento tributario la que va a decirnos si necesitamos una reforma tributaria. Mi impresión es que, además, en una mirada más pausada deberíamos tener una nueva comisión que estudie cómo ha ido quedando nuestro sistema tributario completo para ver los siguientes pasos, más allá de concentrarnos en seguir aumentando tasas, sin los resultados esperados y gastando sobre la esperanza de una mayor recaudación.

En ese sentido, es tremendamente importante recordar que los ingresos de estas medidas son inciertos y los gastos comprometidos no. No nos conviene empezar a gastar antes de ver los resultados de las propuestas. Lo hemos hecho antes y el deterioro en nuestra situación fiscal es reflejo de ello, excluyendo por cierto lo excepcional del período Covid y reconociendo el esfuerzo fiscal que se ha hecho particularmente en 2022.

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